En el corazón de la capital, entre rascacielos y calles de tráfico denso, Madrid guarda un secreto que revela su alma verdadera. Su santo patrón no es un rey, ni un guerrero, ni un obispo. Es un hombre de manos encallecidas por el arado y espalda doblada por el sol. Es Isidro, el labrador. Y su historia, forjada entre surcos y milagros, sigue viva cada 15 de mayo