Pablo Iglesias: El Abuelo del Socialismo español

 

 

Se cumplen cien años de la muerte del fundador del PSOE y UGT

 

 

A finales del siglo XIX, España estaba experimentando transformaciones profundas. La industrialización, aunque más tardía que en otros países europeos, estaba creando nuevas clases sociales y planteando la necesidad de representación política. En este contexto surge la figura de Pablo Iglesias Posse (1850‑1925), un trabajador tipógrafo que se convirtió en uno de los líderes más influyentes del movimiento obrero español.

Pablo Iglesias Posse nació el 17 de octubre de 1850 en Ferrol, Galicia, en una familia humilde. En 1862, con apenas doce años, se trasladó a Madrid en busca de oportunidades y fue internado en el Hospicio de Madrid, un centro para niños desamparados. Allí recibió educación básica en un entorno rígido y con recursos limitados. Esta experiencia le permitió comprender la desigualdad y las dificultades de la infancia en la ciudad, sembrando en él la idea de que la organización y la educación eran fundamentales para mejorar la vida de los más desfavorecidos.

Tras salir del hospicio, Iglesias se formó como tipógrafo, oficio que le permitió acceder a libros, periódicos y debates políticos. La tipografía fue fundamental para su desarrollo intelectual y su actividad política, al proporcionarle herramientas para difundir ideas y comunicarse con la clase trabajadora.

En Madrid, Iglesias entró en contacto con intelectuales como Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza. La filosofía educativa de Giner, centrada en la formación integral y la emancipación del individuo, influyó en Iglesias, quien consideraba que la educación era clave para mejorar la situación social y laboral de los trabajadores.

Iglesias también se incorporó a los círculos de la Primera Internacional, participando en debates sobre organización de los trabajadores y solidaridad internacional. Su implicación con estas corrientes reforzó su enfoque de acción mediante participación legal y estructurada.

Durante sus primeros años de militancia, Iglesias sufrió un atentado en el Café Internacional, en el que él y otros compañeros fueron atacados por grupos conservadores. Para protegerse, utilizó temporalmente el pseudónimo “Paulino”, que abandonó más adelante cuando su liderazgo se consolidó y asumió públicamente su identidad política.

En 1879, Iglesias fundó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), destinado a representar a la clase trabajadora dentro de la vida política. En 1888 impulsó la creación de la Unión General de Trabajadores (UGT) y, en 1886, fundó El Socialista, periódico que funcionó como herramienta de comunicación y organización.

El movimiento socialista español atravesó tensiones internas, incluyendo la escisión del Partido Comunista Español (PCE). Iglesias promovió la unidad del movimiento y participó en el primer 1 de mayo en España (1889), conectando la lucha local con la tradición internacional de los trabajadores. Su activismo le llevó en varias ocasiones a la cárcel Modelo de Madrid, reflejando la tensión entre el Estado y los movimientos obreros.

Durante la Semana Trágica de Barcelona en 1909, un levantamiento social motivado por el reclutamiento militar y las difíciles condiciones laborales, Iglesias expresó su solidaridad con los trabajadores y condenó la represión. Sin embargo, sectores conservadores y parte de la prensa lo acusaron de alentar las protestas, señalando su influencia como líder socialista y editor de El Socialista.

 


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A lo largo de su vida, Iglesias se enfrentó a figuras conservadoras como Antonio Cánovas del Castillo, Antonio Maura y José Canalejas, responsabilizándolos de la represión de los trabajadores y de mantener políticas sociales injustas. Algunos de sus escritos justificaban, desde su perspectiva, los atentados que acabaron con la vida de estos políticos, viéndolos como expresiones de la indignación popular.

Iglesias también supo establecer alianzas estratégicas, como la colaboración con Benito Pérez Galdós para impulsar reformas sociales y culturales. Durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923‑1930), el PSOE adoptó una estrategia de colaboración activa, negociando participación en organismos oficiales y respaldando iniciativas gubernamentales consideradas beneficiosas para los trabajadores, sin abandonar su independencia política.

Pablo Iglesias Posse falleció el 9 de diciembre de 1925 en Madrid. Legó El Socialista al partido, asegurando la continuidad de la publicación como medio de información y debate. Su funeral se convirtió en una procesión multitudinaria hasta el Cementerio de la Almudena, reflejo del reconocimiento social que había acumulado a lo largo de su vida.

Iglesias Posse dejó una herencia duradera: fundó instituciones que aún perduran, como el PSOE, la UGT y El Socialista, y su ejemplo de organización y comunicación política sirvió de modelo para posteriores generaciones de dirigentes y militantes. Su historia demuestra cómo la acción organizada y la perseverancia pueden dejar una huella duradera en la vida política y social de un país, incluso en contextos de represión y conflicto.

La influencia de Iglesias se percibe también en la cultura. Ernest Hemingway, en su novela Por quién doblan las campanas (1940), hace un homenaje indirecto a Iglesias y la lucha obrera española, destacando la importancia de la organización y resistencia de los trabajadores en España.

Otro símbolo tangible es la historia de la cabeza de la estatua de Pablo Iglesias, obra del escultor Emiliano Barral. El conjunto monumental original, erigido cerca de La Moncloa, fue destruido en 1939 tras la victoria franquista y sus restos reutilizados en la tapia del Parque del Retiro. Dos miembros de la cuadrilla de demolición, bajo la dirección de José Pradal, ocultaron la cabeza bajo el suelo de los jardines de Cecilio Rodríguez, preservándola durante décadas. En 1979, la familia Pradal entregó el plano del lugar al PSOE, y la escultura fue finalmente desenterrada y expuesta permanentemente en la sede del partido en la calle Ferraz de Madrid. Una réplica del busto, realizada por José Noja, se conserva desde 2001 en los Archivos del Movimiento Obrero en Alcalá de Henares. Este episodio evidencia tanto la represión sufrida por su legado como la pervivencia simbólica de su figura.

 

Samuel Román

eltelescopiodigital.com