De Naranjito a Messi: cien años de goles
La Copa del Mundo de fútbol se prepara para celebrar su Centenario en 2030
La Copa del Mundo es mucho más que un torneo de fútbol. Es el espejo de la historia del siglo XX y XXI, un escenario donde los sueños se convierten en leyenda y donde las derrotas se escriben con sangre y lágrimas. Es el viaje de regreso a casa de Jules Rimet, aquel visionario que en 1930 imaginó un torneo que uniera a las naciones a través del deporte, y que se ha convertido en el mayor espectáculo del planeta. Es la historia de cómo el fútbol, ese juego de niños que se inventó en las calles de Inglaterra, se convirtió en el lenguaje universal de la humanidad.
El primer Mundial, celebrado en Uruguay en 1930, fue una apuesta arriesgada. La idea de Rimet, de crear un torneo global que no estuviera sujeto a las estrictas reglas del amateurismo olímpico, se encontró con una fuerte oposición. Solo 13 equipos participaron, y muchos europeos se echaron atrás por el largo y costoso viaje a través del Atlántico. Sin embargo, el entusiasmo del público y la calidad del fútbol demostraron que la idea era viable. El trofeo original, la Copa Jules Rimet, fue la recompensa para los primeros campeones y un símbolo de la visión de su creador. Desde entonces, el torneo ha crecido sin pausa, superando guerras, crisis y transformaciones políticas, para convertirse en el mayor espectáculo deportivo del planeta. La evolución del formato, que pasó de 13 a 16 equipos en 1934, a 24 en 1982 y a 32 en 1998, hasta los 48 del actual 2026, es la prueba más evidente de que el fútbol se ha extendido a todos los rincones del planeta.
Pero la historia del Mundial no es solo una sucesión de gestas deportivas. El torneo también ha sido manchado por la política y la violencia. El Mundial de Argentina 1978, organizado por la dictadura militar de Jorge Rafael Videla, es uno de los episodios más oscuros de la historia del torneo. La celebración del torneo fue utilizada por el régimen como una herramienta de propaganda para lavar su imagen internacional en plena Guerra Sucia, durante la cual el Estado argentino desapareció a entre 15.000 y 30.000 personas. La elección de Argentina como sede, en un contexto de violaciones masivas de derechos humanos, fue duramente criticada por organismos internacionales, pero la FIFA, entonces presidida por el brasileño João Havelange, optó por mantener la sede, priorizando los intereses comerciales y políticos. El torneo estuvo envuelto en la polémica desde su inicio, con sospechas de amaño en el partido que clasificó a Argentina para la final, y la imagen de los jugadores argentinos celebrando el título mientras en las calles de Buenos Aires los cuerpos de los desaparecidos eran arrojados al Río de la Plata es una de las más vergonzosas de la historia del deporte.
El Mundial de 1982, celebrado en España, fue un punto de inflexión. Fue el primer torneo con 24 equipos, un formato que abrió las puertas a selecciones de África, Asia y América del Norte, rompiendo con la tradicional hegemonía europea y sudamericana. Pero el 82 fue mucho más que un cambio de formato: fue el torneo de la España que se abría al mundo, de la Transición, y de una mascota que se convirtió en el símbolo de una época. Naranjito, la simpática naranja con cara de niño y vestida con la camiseta de la selección, se convirtió en un fenómeno comercial sin precedentes, y su recuerdo sigue vivo en la memoria de los aficionados como el emblema de una España ilusionada. Fue el torneo de la consagración de Italia, que se alzó con su tercer título tras una final épica ante Alemania Federal en el Santiago Bernabéu, y el torneo en el que Brasil deslumbró con un fútbol de ensueño que, sin embargo, no fue suficiente para alcanzar la final, eliminado por la 'azzurra' de Paolo Rossi en un partido que aún se recuerda como uno de los mejores de la historia.
El Mundial de 1986 en México, en cambio, fue el escenario de la consagración individual de Diego Armando Maradona. El astro argentino, en su momento de máxima expresión, marcó dos goles antológicos ante Inglaterra en cuartos de final: el primero, el famoso "Gol de la Mano de Dios", una jugada que resume la picardía y la genialidad del fútbol, y el segundo, el "Gol del Siglo", una obra maestra de regate y definición que quedó grabada en la memoria de todos los aficionados. Maradona, como Pelé en 1958, lideró a Argentina a su segundo título mundial, consolidando su estatus como uno de los mejores jugadores de la historia. Aquel Mundial de 1986 fue el torneo de la genialidad y la trampa, de la épica y la polémica, un torneo que consagró a un dios del fútbol y que sigue siendo recordado como uno de los más emocionantes de la historia.
La historia de España en los Mundiales ha sido una montaña rusa de emociones. Antes de 2010, la trayectoria de la Roja en el torneo era una sucesión de decepciones y ocasiones perdidas. El primer gran éxito llegó en 1950, cuando España alcanzó las semifinales del Mundial de Brasil, con jugadores como Zarra y Kubala, pero aquel equipo no pudo dar el paso definitivo. Las siguientes décadas fueron años de sequía, con eliminaciones tempranas que alimentaron la frustración de los aficionados. Incluso el Mundial de 1982, en el que España fue anfitriona, terminó con una eliminación en segunda ronda que dejó un sabor agridulce. La eliminación en cuartos de final del Mundial de 2002 ante Corea del Sur, en un partido marcado por la polémica arbitral, fue uno de los momentos más amargos de la selección española. La decepción de aquella derrota, sin embargo, fue el preludio de una era dorada que culminaría con el título en Sudáfrica 2010.
La historia de España en los Mundiales dio un giro radical en la primera década del siglo XXI. El Mundial de 2010 en Sudáfrica fue el escenario de la consagración de una generación de jugadores que marcarían una época. Liderados por Xavi, Iniesta, Casillas, Puyol y Villa, España conquistó su primer título mundial con un fútbol de toque y posesión que revolucionó el fútbol y que fue bautizado como 'tiki-taka'. Aquel equipo, dirigido por Vicente del Bosque, había llegado a Sudáfrica como una de las favoritas, después de ganar la Eurocopa de 2008, pero el camino hacia el título fue un ejercicio de resistencia y fe. España perdió su primer partido ante Suiza, lo que puso en duda su capacidad para superar la presión, pero el equipo se rehizo, ganó todos los partidos restantes y llegó a la final con una solidez defensiva y una confianza renovada. La final de Johannesburgo, disputada en el Soccer City, fue un partido de alta tensión, con Países Bajos planteando un juego duro y físico que buscaba romper el ritmo de España. El partido, que se fue a la prórroga, se decidió en el minuto 116, cuando Andrés Iniesta, tras una asistencia de Cesc Fàbregas, marcó el gol del triunfo con un disparo ajustado al palo. El gol de Iniesta, que dedicó a Dani Jarque, el futbolista del Espanyol fallecido en 2009, se convirtió en uno de los momentos más icónicos de la historia del fútbol español. La imagen de Iniesta corriendo hacia la banda, mostrando la camiseta con el mensaje "Dani Jarque siempre con nosotros", fue el símbolo de un triunfo que trascendió el fútbol y que unió a un país en un momento de alegría colectiva. España se proclamaba campeona del mundo por primera vez, y el fútbol español alcanzaba su cima.
El Mundial de Qatar 2022 fue el escenario de la consagración definitiva de Lionel Messi, quizás el jugador más grande de todos los tiempos. En una final para la historia, Argentina y Francia protagonizaron un partido inolvidable que se decidió en la tanda de penaltis. Messi, con un doblete en la final y un gol en la definición desde los doce pasos, guió a Argentina a su tercera estrella, cerrando su carrera con el título que le faltaba y añadiendo un capítulo de oro a la historia del fútbol. Aquella final, con el empate agónico de Mbappé en el descuento, la prórroga y los penaltis, fue el resumen perfecto de lo que es el Mundial: un torneo de emociones extremas, de momentos de genialidad y de una épica que trasciende el deporte.
El Mundial de 2026, coorganizado por Estados Unidos, Canadá y México, no solo es el más grande en número de equipos y partidos, sino también el más politizado y comercial de la historia. Es el primero en el que un país anfitrión (EE.UU.) está en guerra con una nación participante (Irán), cuyos aficionados y funcionarios han enfrentado problemas con los visados. La retórica y las políticas migratorias de la administración Trump han teñido la preparación del torneo, que algunos ven como una plataforma de "sportswashing". Al mismo tiempo, el modelo económico del torneo, con precios dinámicos que han disparado el coste de las entradas hasta los 8.680 dólares para la final, ha generado un enorme debate sobre la accesibilidad y la esencia del fútbol popular. El Mundial de 2026, con su formato de 48 equipos y su organización repartida entre tres países, es la constatación de que el fútbol se ha globalizado hasta extremos insospechados en sus inicios.
El Mundial de 2030, que se celebrará en España, Portugal y Marruecos, con partidos en Argentina, Uruguay y Paraguay como homenaje al centenario del torneo, será el escenario de un regreso a los orígenes. La elección de la sede es un gesto cargado de simbolismo: 2030 será el centenario del primer Mundial, y la decisión de la FIFA de que el torneo regrese a Sudamérica para conmemorar aquel primer campeonato en Uruguay es un reconocimiento a la historia del fútbol. El torneo, que se disputará en tres continentes, será el más largo y complejo de la historia, con 48 equipos y 104 partidos. España, Portugal y Marruecos serán los anfitriones principales, pero Argentina, Uruguay y Paraguay albergarán los partidos inaugurales, como un homenaje a los países que dieron los primeros pasos en la historia del Mundial. El Mundial de 2030 no solo será un torneo de fútbol, sino un viaje a través de la historia del deporte, un recordatorio de que el fútbol, como el mundo, está en constante evolución, pero que sus raíces son inamovibles. La final, que se disputará en el Estadio Santiago Bernabéu de Madrid, será el broche de oro a un torneo que promete ser inolvidable.
La tradición de las canciones oficiales comenzó en el Mundial de Chile 1962 con "El rock del Mundial" de Los Ramblers, que aprovechó el auge del rock and roll para crear el primer himno futbolero . Pero fue en la era moderna, a partir de 1990, cuando la FIFA convirtió la canción oficial en una pieza central de la identidad de cada torneo.
En 1998, "La Copa de la Vida" de Ricky Martin marcó un antes y un después . Fue el primer himno mundialista que tuvo un impacto masivo a nivel global, catapultando a Martin al estrellato internacional . La FIFA buscaba una melodía que atrajera a las masas, y el puertorriqueño, aunque nervioso por el desafío, aceptó y creó una canción que se convirtió en un himno que trascendió el torneo . "Fue una oportunidad única para presentar los encantos de la música latina al resto del mundo", recordaría él mismo.
"Waka Waka (This Time for Africa)" de Shakira en 2010 es, sin duda, el himno más icónico de la era digital . La canción, que significa "caminar y brillar" en dialectos africanos, se convirtió en un fenómeno global, siendo número uno en más de 50 países . Shakira explicó que la canción intentaba "representar el espíritu africano" y que era "un mensaje de unidad, de tolerancia y de integración" . Su videoclip, con jugadas históricas y la participación de estrellas como Messi, es el más visto de la historia del torneo.
Ahora, para el Mundial 2026, Shakira regresa con "Dai Dai" junto a Burna Boy . Será el himno que musicalice la primera copa del mundo con tres sedes . Así, la historia musical del Mundial se cierra sobre sí misma, con la reina indiscutible de estos himnos regresando para dar la bienvenida a una nueva era del torneo.
La historia de la Copa del Mundo es la historia del fútbol moderno, un relato de epopeyas, tragedias y gestas que han trascendido el deporte para convertirse en mitos universales. Desde aquel primer torneo en Uruguay en 1930 hasta el Mundial de 2026, el torneo ha sido un espejo de nuestro tiempo, reflejando los cambios geopolíticos, la globalización y la creciente comercialización del deporte. Es una historia de victorias y derrotas, de héroes y villanos, de sueños cumplidos y de promesas rotas. Es la historia de cómo el fútbol se convirtió en el lenguaje universal de la humanidad, un lenguaje que todos entienden y que, pase lo que pase, seguirá uniendo a las personas a través de las fronteras.
Samuel Román

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