Druidas, oscuridad y sacrificios: el origen de la fiesta de Halloween

Un movimiento quiere recuperar el original Samhain precursor de Halloween

Desde hace unos treinta años las noches del 31 de octubre se han convertido en todo Occidente en noches de brujas y fantasmas. El Halloween americano ha exportado la imagen de la calabaza tallada, los repartos de caramelos casa por casa y los disfraces pero lo que pocos saben es que todos estos elementos ya existían hace más de dos mil años, pues son algunos de los símbolos de la festividad más importante y sangrienta de los celtas: el Samhain.

El año nuevo celta celebraba el comienzo de la era de la cosecha, una celebración que, aunque parecía haberse perdido en el pozo de la historia, está resurgiendo en los últimos años, aunque con elementos muy diferentes a los de la fiesta original.

Sabemos que el año de los celtas terminaba con una semana de festejos, el Samhain, que celebraba el fin del verano y el comienzo del otoño. Estos festejos que tenían lugar en la primera semana de noviembre terminaban con tres días muy especiales, las tres noches de Samonios o fiesta de los espíritus en que el terrible Dios de la Muerte, Don, reinaba sobre el mundo.

Estas fechas, que se corresponden con la luna llena más cercana entre el Equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, eran un momento extraño en que, según la mitología, las fronteras entre el mundo de los vivos y el de los muertos se difuminaban.

Así los muertos tenían permitido abandonar el más allá para volver al mundo de los mortales de dos formas: los espíritus “malvados” reencarnados en animales; y los “buenos” en cuerpo mortal. Como los celtas no sabían con qué tipo de espíritu se iban a encontrar, temían salir de casa durante las dos primeras noches, cerrando a cal y canto las viviendas y permaneciendo en la una oscuridad sólo rota por la luz de las hogueras encendidas por los druidas en sus rituales sagrados.


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Eso sí, como cabía la posibilidad de que los espíritus que se acercasen fuesen los de sus seres queridos, dejaban comida y bebida a la puerta, además de velas encendidas que colocaban dentro de calabazas y nabos vaciados para la ocasión.

Pero aquellos valientes que se atrevían a salir en la noche de los espíritus tenian premio, ya que se les permitía entrar en las grutas de las hadas, donde, además de descubrir sus secretos, podían casarse con alguna de ellas.

Y mientras el pueblo vivía atemorizado y sin luz temiendo la llegada de los muertos, los Druidas celebraban una fiesta muy diferente. Concentrados en bosques sagrados realizaban hogueras y rituales para apaciguar a Don y pedirle prosperidad para el año que comenzaba. Poco se conoce de estos cultos secretos, si bien todo apunta a que eran extremadamente sangrientos e incluían sacrificios humanos, tras los que los cadáveres de las víctimas se lanzaban a las hogueras para, una vez consumida la carne, leer el futuro en los huesos y calaveras.

Pero la noche del tercer día todo cambiaba. El reinado de Don concluía, y los celtas lo festejaban recuperando la luz. Hogueras alimentadas con materiales pedidos de casa en casa difuminaban los malos augurios, y los druidas regresaban con sus vecinos para celebrar el comienzo del nuevo año, en una celebración en la que danzaban alrededor del fuego llevando máscaras que representaban a los espíritus derrotados tras la última noche del Samhain.

Pero los pueblos celtas no eran un bloque compacto y cada uno de ellos tenía sus peculiaridades, alguna de las cuales han quedado como parte de la tradición en zonas del norte de España y de Portugal, tradiciones, por cierto, que se están intentando recuperar en los últimos años.

Así por ejemplo una de las más extendidas con múltiples variantes es el magosto o fiesta de las castañas, en qué se asan castañas en hogueras preparadas para la ocasión mientras se recuerda a los muertos cantando y bailando alrededor de las hogueras.

Pero el actual Samhain no tiene nada que ver con el original celta. La nueva noche de espíritus es una gran fiesta que convierte en atractivo turístico los pueblos donde se asentaron los celtas. Tanta es la importancia que le están dando tanto Galicia como Portugal a este Samhain renacido que lo han convertido en candidato a entrar en la lista de Patrimonio Inmaterial de la UNESCO. •

Samuel Román
eltelescopiodigital.es