José Hierro, el poeta de los cafés

Se cumplen 100 años del nacimiento de una de las figuras más importantes de la posguerra española

 

Madrid, años 60. En un conocido café de la capital un hombre se encuentra solo en una mesa con un café y una copa de chinchón. El hombre está enfrascado en unas cuartillas que lee y relee una y otra vez, tachando y cambiando cosas, buscando la palabra perfecta. Es José Hierro y está en su “oficina” pues, por superstición, se niega a escribir en casa.

En este 2022 se cumplen cien años del nacimiento de una de las figuras más importantes de la poesía de posguerra en España, uno de los llamados “niños de la guerra” al que el conflicto bélico marca de forma evidente, y que ve truncada su carrera como perito industrial tras el estallido de la contienda.

Pero su historia comienza un poco antes, en concreto, un 3 de abril de 1922 en una callejuela a espaldas de la Gran Vía. Allí nacía José, un niño con inquietudes literarias que por motivos laborales se marcha a Santander con su familia dos años después de su nacimiento, donde su padre Joaquín ejerce como funcionario de telégrafos.

El niño va creciendo, y a los doce años comienza a mostrar su evidente talento literario al ganar un premio en el Ateneo de Santander por un cuento que nadie creyó que hubiese escrito él. Pero la literatura pasa a un segundo plano cuando empiece a estudiar para ser perito industrial.

Sin embargo, un 18 de julio de 1936 lo cambiará todo, pues ese día estalla la Guerra Civil, y su padre intercepta el cable en el que la capitanía militar de Burgos intenta sublevar la guarnición de Santander. Las tropas nacionales no tardan en descubrirlo y, tras tomar la capital cántabra un año después, envían al hombre a la cárcel.

En prisión Joaquín recibirá las visitas de José, unas visitas controvertidas, pues el poeta será acusado de sacar información de la cárcel aprovechándola. Además Hierro crea una organización de ayuda a presos políticos para ayudar a su padre, lo que utiliza el Gobierno de Franco, una vez terminada la guerra  para encarcelarle a los 17 años de edad.


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Un larguísimo periplo por cárceles españolas terminará en Alcalá, donde es liberado en 1944, tras pasar 5 años en prisión. Lógicamente el paso por la cárcel y los horrores de la guerra marcan de forma indeleble al chico, que abandona temporalmente la literatura para centrarse en otro campo artístico que también será una de sus pasiones: la pintura.

Tras pasar dos años en Valencia, donde tendrá oficios tan variados como peón en una obra, tornero en un taller de fundición, o repartidor de leña a domicilio, regresa a Santander en 1948, y lo hace como crítico de pintura

Tras hacerse un nombre y casarse con María de los Ángeles Torres, José vuelve a la capital, donde recupera su faceta de escritor, una faceta, por cierto, que le granjeará grandes éxitos pues será nombrado Doctor Honoris causa de la Menéndez Pelayo de Santander, Premio Cervantes 1998, o miembro de la Real Academia Española un año después.

Sin embargo, aquello por lo que casi todo el mundo en la España del posfranquismo le recuerda es por su faceta de locutor radiofónico en Radio Nacional de España. Sus compañeros cuentan que lo primero que hacía todas las mañanas al llegar a la redacción era colgar la chaqueta y hacer el pino durante unos minutos para despejarse, pero con la llegada de los 90 esa costumbre se queda atrás. A José Hierro le detectan un enfisema pulmonar que le obliga a llevar una bombona de oxígeno a todas partes, y limita sus movimientos.

Esta dolencia, probablemente provocada por el tabaco del que era asiduo consumidor, acabará por llevarle a la tumba un 21 de diciembre del año 2002 cuando tenía 80 años de edad. Sus cenizas se repartieron entre el Pabellón de Santanderinos Ilustres de la capital de Cantabria y el mar Cantábrico, donde se lanzaron por deseo del escritor.

En 2013 Madrid le rendirá un homenaje especial, colocando una placa en la que fue su casa durante más de 40 años, en plena calle Fuenterrabía de Retiro.

Hierro ya tenía la medalla de oro de la ciudad, otorgada pocos meses antes de su muerte, y el premio Villa de Madrid de poesía “Francisco de Quevedo” que ganó en 1999. A lo largo de su vida Hierro también consiguió el Príncipe de Asturias de las Letras, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, o el Premio Nacional de las Letras.

En este 2022 se cumplen 100 años de su nacimiento y por eso Getafe, donde se encuentra radicada la Fundación José Hierro, le va a dedicar una programación especial durante todo el año  Sin embargo Getafe no es el único municipio de Madrid que se acuerda del poeta, pues San Sebastián de los Reyes tiene un recuerdo muy especial para él en sus calles: un busto a la entrada de la Universidad Popular que lleva su nombre y que entrega el premio de poesía “José Hierro” cada año.

 

Samuel Román
eltelescopiodigital.es