Coronavirus: La amenaza fantasma

El mundo se enfrenta a una pandemia como las que diezmaron la población en siglos anteriores

17 de noviembre de 2019. En un mercado de mariscos del sur de China está a punto de producirse uno de los eventos más importantes del recién nacido siglo XXI. Ese día, según las investigaciones, se produce la primera infección por SARS-CoV-2, un nuevo tipo de coronavirus que desatará una pandemia de proporciones desconocidas.

El nuevo coronavirus, el séptimo descubierto por el hombre, es una extraña mutación de un virus residente en los murciélagos que se adhiere con gran facilidad al organismo humano, donde, tras permanecer durante un largo periodo de incubación, entra en los pulmones pudiendo provocar neumonía que, en algunos casos, conduce a la muerte.

Cómo llegó el virus al mercado de China es aún un misterio, pero no lo es lo que ocurrió desde entonces: el primer infectado, un hombre de 55 años, contagió sin saberlo el nuevo virus a buena parte de los que pululaban por el mercado, provocando que, en pocas semanas, ya fueran 41 los infectados, entre ellos dos hombres de más de sesenta años que fallecieron el 9 y el 16 de enero de 2020.

El 31 de diciembre, en medio de una fortísima oleada de críticas internas por no haber tomado medidas antes, el gobierno chino informa de la situación a la comunidad internacional, y, al día siguiente, cierra el mercado y aísla a 700 personas. Pero ya era tarde. Los casos se multiplican, tanto dentro de la provincia de Huabei, a la que pertenece Wuhan, como fuera de las fronteras chinas (hay casos en Tailandia, Japón y Estados Unidos en la primera quincena del mes de enero).

A Europa el virus llegará, oficialmente, el 25 de enero a través de Francia, en un hombre de 80 años procedente de Wuhan que morirá el 15 de febrero. Sin embargo, será en Italia donde el virus muestre mayor virulencia en esta primera etapa. El 31 de enero el país confirma el positivo de dos turistas chinos en Roma, y una semana después un italiano repatriado desde Wuhan se convierte en el tercer caso, y primero en el norte. Desde ese momento la epidemia es imparable, con 16 casos en Lombardía el 21 de febrero.

En España el primer caso detectado aparece en La Gomera el 31 de enero, pero será en Valencia donde se produzca la primera muerte el 13 de febrero. Tan sólo un día después partirá de Torrejón la primera infectada de Ecuador, que tendrá síntomas nada mas llegar a América, y el 15 ingresa en el Hospital torrejonero el primer caso oficial en territorio peninsular.

Desde ese momento, la epidemia no deja de crecer en Torrejón, con dos focos confirmados, según cuenta Sanidad: una comunidad religiosa con contactos con el foco francés que había participado en un velatorio en Vitoria (y que parece ser también el origen del brote de Haro); y otro de origen desconocido que se extiende por la localidad. Casi simultáneamente aparece un nuevo foco en una residencia de ancianos de Valdemoro que no tardará en extenderse por todo el sur de la Comunidad.

Sin embargo, la situación estará más o menos controlada hasta el día 9 de marzo. Ese día, justo quince días después de la celebración del fin de semana de Carnaval, el número de casos aumenta de forma exponencial, haciendo imposible establecer la secuencia de contagio, y, lo que es más grave, extendiendo el foco de Torrejón a todo el Corredor del Henares.

Ante tal situación, saltan todas las alarmas en el Ministerio, que comienza a tomar medidas cada vez más restrictivas; suspensión de las clases en colegios e institutos, cierre de centros de mayores, cierre de parques, suspensión de eventos y actos públicos, y, finalmente, estado de alarma con suspensión de libertad de movimientos y confinamiento obligatorio. La medida busca frenar el vertiginoso ascenso de casos que amenazan con hacer colapsar el sistema sanitario. Y es que, si bien el nuevo coronavirus funciona exactamente igual que una gripe para el 80% de los casos, y con síntomas algo peores para otro 15%, es el otro 5% el que preocupa.

A diferencia de la gripe, también considerada epidemia, cuyo efecto se prolonga durante casi cuatro meses cada año, este coronavirus tiene una capacidad de contagio muy alta, por lo que ingresa mucha gente a la vez en los hospitales. Además, el tiempo de recuperación es también altísimo, con casi un mes en la UCI para los casos graves, lo que hace que la situación sea muy complicada.

Y es por eso por lo que la situación en todos los países está obligando a tomar medidas muy restrictivas, con cierre de fronteras, confinamiento obligatorio, y suspensión total de la actividad económica, como forma de evitar el colapso sanitario.

Esta pandemia, la primera del siglo XXI, está muy lejos de la mortalidad de las grandes pandemias de la historia, como la gripe española de hace un siglo, la viruela o la peste bubónica, pero es sin duda el mayor desafío al que se enfrenta la sociedad actual. •

Samuel Román