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Con el agua al cuello

Con el agua al cuello

Dos gotas frías consecutivas arrasan el Sureste de Madrid

Una gota fría, o DANA para los meteorólogos, es un fenómeno que provoca precipitaciones violentas e intensas durante horas o días, y que suele ir acompañada de actividad eléctrica y granizo que afecta a superficies reducidas siguiendo una trayectoria imprevisible. Y los vecinos de buena parte de España lo han aprendido en sus propias carnes.

Y es que, en este comienzo de otoño las históricas gotas frías de los noventa han vuelto con más virulencia que nunca, pero no sólo concentradas en el Mediterráneo pues en la Zona Este dos de estos fenómenos han provocado desastres.

La primera DANA llegaba a finales de agosto, y pillaba por sorpresa a buena parte de España. Anunciada como una típica tormenta de verano, descargaba toda su furia en pleno Sureste, que veía, en cuatro horas, como se venía abajo buena parte de su futuro.

La peor parte se la llevaba Arganda, donde el granizo y el agua provocaban inundaciones en las calles del centro, que comenzaban a prepararse para unas Fiestas Patronales que debían empezar quince días después. Las calles Real y Juan de la Cierva se convertían en ríos por los que nadaban contenedores de basura y hasta cincuenta coches, además de dañar seriamente a los comercios.

Al día siguiente tocaba hacer balance, y no podía ser peor: un carnicero resultaba herido leve por la tormenta, mientras que los daños materiales se calculaban en unos nueve millones de euros. La peor parte, no obstante, se la llevaba el campo, donde ya se daba por perdida el 90% de la cosecha de aceituna y el 75% de la de uva. Para tramitar todas las ayudas, el Consistorio argandeño abrió una oficina de atención que recibió más de doscientas solicitudes en menos de una semana.

Junto a Arganda, esta primera gota fría afectaba a Rivas, donde se registraron inundaciones al recogerse hasta 60 litros por metro cuadrado y obligaba a cerrar el Metro; y a Torres de la Alameda, donde la lluvia provocó riadas e inundaciones.

Sin embargo, el cielo aún no había dicho su última palabra y dos semanas después la historia se repitió: Arganda veía con preocupación como una nueva alerta naranja se había declarado en el domingo de sus Fiestas y se preparaba para el paso de una nueva gota fría. Y así fue: el 15 de septiembre el cielo volvió a abrirse sobre las cabezas de los habitantes del Sureste, provocando daños en una Arganda que intentaba levantar cabeza.

Esta vez fue el propio montaje de las Fiestas el que actuó como catalizador para la riada que volvió a anegar las mismas calles destrozadas quince días atrás. La lluvia provocó que la arena esparcida por la Plaza Mayor argandeña, convertida en coso durante las Fiestas, crease un dique de contención en el acceso a las calles. Al romperse el dique, la riada volvió a apoderarse de las calles de la zona centro de la localidad arrastrando a su paso el quirófano de la Plaza y el mobiliario urbano.

La tormenta también dejaba sin servicio el Metro y provocaba la suspensión inmediata de todos los actos de las Fiestas, a las que aún les quedaban dos días para acabar. Tan sólo la procesión de regreso de la Virgen de la Soledad, Patrona de la localidad, 24 horas después del desastre, recordó a los argandeños que estaban en Fiestas.

Esta segunda gota fría también se cebaba con la que, en tiempos, fue la urbanización más grande de Europa, Eurovillas, convertida en una auténtica balsa, al no existir alcantarillas, por lo que los Bomberos declararon la situación de emergencia en la urbanización.

Nuevo Baztán y Villar del Olmo, los dos municipios en cuyo término municipal se encuentra Eurovillas, se movilizaban abriendo de urgencia los Centros Culturales para acoger a los vecinos que vieron como se inundaban sus casas. El PLATERCAM de la Comunidad también se ponía en marcha para ofrecer camas, alimentos y agua a los vecinos, que tardaron varios días en regresar a la urbanización. El motivo es que, al no haber red de saneamiento, los Bomberos tuvieron que extraer el agua con bombas, lo que dificultó mucho los trabajos.

Por la noche, la gota fría volvía a descargar afectando especialmente al casco de Villar del Olmo, donde el pueblo quedaba dividido en dos cuando su calle principal se convirtió en río. En otra urbanización, Las Villas, la situación también se complicó al desbordarse una laguna cercana, lo que afectó a catorce chalets.

Tras el paso de la tormenta y hacer balance de daños, tocaba tomar medidas, y las primeras ya se han anunciado. Así Arganda, Nuevo Baztán y Villar del Olmo solicitarán la declaración de zona catastrófica al Gobierno de España, que aprobaba ayudas para los afectados. También la Comunidad anunciaba que adelantará las ayudas de la PAC a los agricultores, además de destinar hasta tres millones de euros del PIR a los afectados.

Pero hasta que lleguen las ayudas los vecinos del Sureste tendrán que intentar reconstruir sus vidas y sus negocios, arrasados en dos días de verano por el retorno de un fenómeno meteorológico que todo el mundo daba por extinguido.

Samuel Román