Cuarenta años de democracia municipal

Cuarenta años de democracia municipal

Las primeras elecciones municipales tiñeron de rojo la Zona Este

En medio del maremágnum electoral, parece que los partidos han olvidado una efeméride muy importante en la historia de la Democracia española, y es que este mes de abril se cumplen los cuarenta años de las primeras elecciones municipales tras la muerte de Franco.

Así, el 26 de enero de 1979, y tan sólo un mes después de haber disuelto las cortes tras la aprobación en referéndum de la Constitución, el Presidente del Gobierno Adolfo Suárez convocaba las elecciones municipales que debían celebrarse el día 3 de abril de ese mismo año por sufragio universal. La decisión de Suárez, lógica durante el proceso de Transición, suponía un cambio enormemente importante en la gestión municipal, pues hasta ese momento los alcaldes eran designados por el régimen franquista.

En concreto, y desde la entrada en vigor de la Ley de Bases de Régimen Local de 1945, los concejales, encargados de elegir entre ellos al alcalde, se designaban mediante el sistema de tercios: los cabezas de familia elegían una tercera parte; el sindicato vertical, otro tercio; y las entidades sociales del municipio el tercer tercio, si bien de una terna propuesta por el gobernador civil, que, en la práctica, era quien realmente elegía al alcalde.

Precisamente por eso muchos de ellos se mantuvieron en el cargo durante más de treinta años, convertidos en auténticos virreyes de sus municipios, creando una red clientelar caciquil que les permitiese mantenerse en el cargo con la Democracia. Algunos lo consiguieron (la inmensa mayoría se presentó a las elecciones), pero otros fueron expulsados de la alcaldía por las fuerzas de izquierda. La figura del alcalde franquista estaba entre lo cómico y lo dramático, pues su único valor, en muchas ocasiones, fue pelotear al régimen y al Gobernador Civil de turno. Conocidos son los casos de “alcaldadas” como la de un pueblo de Asturias que prohibió la construcción de un instituto público, porque él era propietario de un colegio privado; o el de un alcalde de Valladolid que ordenó recubrir de cemento todo el pueblo “costase lo que costase” (él era propietario de la fábrica de cemento).

Las elecciones, convocadas para el primer domingo de abril, se celebrarían un mes después de la segunda convocatoria de Elecciones Generales de la Democracia, y primera bajo el marco de la Constitución, unos comicios que encumbraron a la UCD de Suárez como partido más votado. Las municipales, sin embargo, convirtieron en alcaldes de las principales ciudades a los candidatos del PSOE, en alianza con un PCE muy fuerte a pesar de la victoria global de la UCD.

Así, por ejemplo, Alcalá estrenó alcalde socialista, elegido con un 44% de los votos y 12 concejales. Carlos Valenzuela contó con el apoyo de los seis concejales del PCE y los dos de ORT, lo que dejaba a la UCD en completa minoría con siete concejales frente a un gobierno de veinte. Los dos concejales de la Organización Revolucionaria de Trabajadores abandonaría el Gobierno a los dos meses, dejando a socialistas y comunistas con una holgada mayoría.

Valenzuela llegaría al poder tras el breve mandato de Fernando Sancho, que alcanzaría la alcaldía pocos días antes de la muerte de Franco relevando a un Félix Huerta que había sido alcalde durante casi veinte años. Tras el socialista, ocuparán el Convento de Agonizantes sus compañeros de partido Arsenio Lope, Teodoro Escribano y Florencio Isidro Campos, antes de la llegada del popular Bartolomé González en dos periodos interrumpidos por el socialista Manuel Peinado. Tras Bartolo los últimos alcaldes complutenses serán el popular Javier Bello, y el socialista Javier Rodríguez Palacios.

Torrejón vivió la revolución antes incluso de las elecciones. Así el alcalde franquista por excelencia, Ramón Fernández Vilaplana, dejaba de ser primer edil en 1971, después de más de treinta años en el cargo. En su lugar, el régimen escogía a Manuel del Hoyo, al que una revuelta de concejales se cargaría cuatro años después. El siguiente, Casto Hermoso, correría la misma suerte, con seis concejales dimisionarios pocos meses después de acceder al cargo. Con semejante panorama, UCD no presentó a ninguno de ellos a las elecciones, optando por el también Diputado Provincial Juan Adarve como cabeza de lista. Sin embargo, los vecinos decidieron que el nuevo alcalde fuera el socialista Lope Chillón, que conseguía el 52% de los votos y la mayoría absoluta con trece concejales. La Corporación la completarían los ocho concejales del PCE y los cuatro de UCD. Tras Lope Chillón ocuparán la alcaldía los socialistas José de Cruz, José Pina, Francisco García Lorca y Trinidad Rollán, y los populares Julián López, Pedro Rollán e Ignacio Vázquez.

En Coslada el partido más votado será el PCE de Ángel Berrendero y José Huélamo. Berrendero, convertido en el azote del alcalde Gumersindo Bustos durante la última legislatura del franquismo, le ganó en las urnas de forma contundente, al alzarse con el 47,6% de los votos y diez concejales de un Consistorio de 21. El PSOE, socio de gobierno, se quedaba con ocho escaños mientras que el exalcalde Bustos se conformaba con tres ediles. Tras Berrendero los socialistas Raúl Revilla, Juan Manuel Granados y Ángel Viveros, el comunista José Huélamo, y el popular Raúl López han ocupado la alcaldía.

San Fernando siempre ha sido el bastión rojo del Corredor, y por eso su primer alcalde fue del PCE. Ángel Fernández se alzaba con la alcaldía al sumar el 64,7% de los votos y once de los 17 concejales que se repartieron. El PSOE con cuatro y UCD con dos concejales completaron la Corporación. Desde entonces, todos los alcaldes, a excepción de uno, han sido del PCE, IU o Podemos. Tras Fernández llegarían Enrique Guerra, José Luis Copado, Montse Muñoz, Julio Setién, Ángel Moreno y Cati Rodríguez. El único “infiltrado” será el socialista Luis Enrique Piñas.

Y si San Fernando ha sido el punto rojo del Corredor, en el Sureste está Rivas, donde todos sus alcaldes menos uno han sido comunistas. Así el ganador de los comicios del 79 fue Antonio Martínez, presentado como independiente, y que consiguió cinco de los siete escaños en juego. PSOE y PCE conseguirían los otros dos escaños. Tras Martínez han ocupado la alcaldía el socialista Francisco José de Pablo y los miembros de IU Eduardo Díaz, Candela Cajas, Antonio Serrano, Fausto Fernández, José Masa y Pedro del Cura.

En Arganda las primeras elecciones de la Democracia entregaron el poder al candidato del PCE, Pedro Díez Olazábal, que sumó sus seis concejales a los cinco del PSOE para formar gobierno frente a una oposición formada por cinco concejales de UCD y uno de Fuerza Nueva. Díez Olazábal será alcalde hasta 2003, dejando sólo la alcaldía durante los cuatro años del mandato de Ginés López. Tras el ocuparán el puesto los populares Ginés López y Pablo Rodríguez Sardinero, y el socialista Guillermo Hita.

Samuel Román