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Federico García Lorca: Cien años del Homero español

Federico García Lorca: Cien años del Homero español

En 1919 un joven poeta de Fuente Vaqueros llegaba a la Residencia de Estudiantes

Primavera de 1919. Un grupo de jóvenes estudiantes de la Universidad de Granada se trasladan a Madrid apadrinados por Fernando de los Ríos con la intención de continuar sus estudios en la Residencia de Estudiantes. Entre ellos, el nombre más importante de la poesía del siglo XX español: Federico García Lorca.

Y por eso, este 2019, centenario de su llegada a la capital, ha sido declarado “Año Lorca” con un sinfín de actividades culturales que ya han comenzado, y entre las que se encuentra un congreso internacional, varias exposiciones o el estreno de la obra de teatro inacabada del poeta.

Pero la historia de Federico comienza mucho antes, un 5 de junio de 1898, cuando nacía en la localidad granadina de Fuente Vaqueros dentro de la familia formada por un terrateniente y una maestra. Con once años se muda a Granada, donde se matriculará en las carreras de Filosofía y Letras y Derecho después de varios escarceos con la música.

La vida universitaria cambiará al chico de 17 años, que comenzará a frecuentar la tertulia literaria “El Rinconcillo” del histórico Café Alameda de la capital granadina. Tras varios viajes conjuntos por Andalucía, el grupo decidirá cambiar de aires y mudarse en bloque a Madrid, pero Federico no lo tendrá tan fácil. Tendrá que interceder por él ante sus padres el mismísimo Fernando de los Ríos, histórico pensador del socialismo español, que lo tomará bajo su protección.

En Madrid Federico comienza a ser el que verdaderamente quería ser. Tras recibir conferencias de Einstein, Marie Curie o Keynes, entra en contacto con Buñuel, Alberti o Dalí, de los que será amigo. La estancia en la Residencia termina en 1928, si bien el poeta no abandona la capital llegando a publicar dos números de la revista literaria Gallo. Una ruptura sentimental, y la censura por parte de Primo de Rivera de su obra “Amor de Don Perlimplin”, le lleva a tomar la decisión de poner tierra de por medio, pasando dos años de viaje por Nueva York y La Habana.
 
La llegada de la Segunda República supone el fin del exilio autoimpuesto, y Lorca vuelve a Madrid para poner en marcha “La Barraca” compañía de teatro ambulante que recorrerá los pueblos de España representando obras clásicas. Pero para ese entonces Federico ya es conocido en el mundo entero, por lo que pasará grandes periodos de tiempo en Buenos Aires y Montevideo.

En los días previos al estallido de la Guerra, el poeta decide regresar con su familia a Granada, despidiéndose de Madrid el 13 de julio de 1936, y dirigiéndole una frase a su amigo Rafael Martínez Nadal, que no tardaría en hacerse realidad: “Rafael, estos campos se van a llenar de muertos”. El 16 de agosto Federico García Lorca era detenido por la Guardia Civil, y a las 4:45 de la madrugada del día 18, era fusilado en el camino de Víznar a Alfacar, donde sus “hermanos” masones (según la tradición, Lorca formada parte de la Logia Alhambra granadina, donde le conocían con el nombre de “Homero”) colocaron un símbolo para recordar el lugar, si bien aún no se ha encontrado la fosa común en que fue enterrado el poeta.

Y, como corresponde a una de las figuras literarias más importantes de la historia, la Zona Este también se acuerda del poeta de Fuente Vaqueros. Así Alcalá y Arganda tienen un colegio con su nombre; Rivas llama García Lorca a una plaza y un Centro Cultural; Coslada le dedica una calle y un parque; y San Fernando le ha puesto su nombre a una calle y el Teatro Municipal.

El caso de Torrejón es especial, pues su relación con el poeta es mucho más estrecha. Así la localidad le ha dedicado su Biblioteca Central, además de organizar un gran programa de eventos cuando se cumplió el centenario de su nacimiento, en 1988. Sin embargo, la relación más directa permanecía oculta hasta el verano pasado, cuando La Voz de Galicia publicaba un largo artículo en el que desvelaba uno de los pasajes desconocidos de la vida de Lorca en Madrid.

Así, contaba el periódico en su versión en gallego, el poeta decidió acercarse en junio de 1936 hasta la Hostería del Estudiante de Alcalá con la intención de celebrar la publicación, unos meses antes, del poemario “Seis poemas galegos”, escrito en gallego y que recoge poemas escritos durante su estancia en Galicia con La Barraca. A la vuelta de la Hostería, y a su paso por Torrejón, el paisaje primaveral le cautivó de tal forma que hizo detener el carruaje y, al lado de la carretera, se puso a declamar en gallego los poemas de la obra ante sus compañeros de viaje, el editor José Ruiz-Castillo y el también escritor Daniel Tapia.

Samuel Román