Ágata, la ‘Piedra de los dones’

Ágata, la ‘Piedra de los dones’

Para las sociedades arcaicas el ágata era una ventana mágica abierta al mundo de los Dioses

El nombre “ágata” proviene del río Achates, actualmente río Dirillo, al sur de Sicilia, en Italia, donde se dice que se encontró la primera de estas piedras.

El ágata no es un mineral específico, sino un conjunto de variedades microcristalinas del cuarzo (sílice). En realidad, son variedades de calcedonia que presentan bandas de varios colores poco contrastados. La diferencia de colores aparece porque en cada zona la estructura y el número de inclusiones en la calcedonia varía, con lo que cambian sus propiedades.
El ágata se encuentra en rocas volcánicas cuyo tamaño varia desde milímetros a varios metros. Se caracteriza por presentar una serie de bandas concéntricas de colores similares, opacos y translúcidos. Puede adoptar diversas formas y presentarse en muchas variedades, es dura y resistente a los reactivos químicos.

Existen algunas variedades, que en realidad son calcedonias con distintas inclusiones, como ágata dendrítica, ágata musgosa o piedra mocha, ágata de paisaje, ónix u ónice, ágata de fuego, sardónix o sardónica, ónix negro, entre otras. Reciben estos nombres por los colores y dibujos que forman sus bandas.

Los yacimientos más importantes de ágatas se encuentran en Estados Unidos, Brasil, departamento de Artigas en el Uruguay, Argentina, India y Madagascar.

El ágata fue muy venerada por los antiguos y se la consideraba como la piedra de la ciencia. Se creía que el ágata de la India era el mejor remedio para las enfermedades de los ojos, y que el ágata egipcia era muy efectiva contra las mordeduras de arañas y picaduras de escorpiones.

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