Trenes a ninguna parte

Trenes a ninguna parte

Las vías ferroviarias abandonadas buscan una nueva vida

A principios del siglo XIX George Stephenson comienza a trabajar en lo que será su gran invento, la locomotora de vapor, que, en 1830 creará la primera línea ferroviaria del mundo entre Liverpool y Manchester. 18 años después el tren llega a España, en concreto a la Barcelona-Mataró; y en 1851 a Madrid, con la línea que unía Madrid con Aranjuez.

Así nace la historia del tren, un medio de transporte que cambió la vida de los habitantes del siglo XX, haciendo que las distancias se hicieran mucho más cortas. Con la llegada del siglo XXI ese boom ferroviario irá pasando, sobre todo, debido al enorme coste de la instalación, sustituido por los autobuses; el Metro, un tren subterráneo que eliminará las distancias en las grandes ciudades y la Alta Velocidad, que obligará a reinventarse las líneas ferroviarias.

Esas vías “abandonadas” buscan un nuevo futuro, por lo que, en los años 90 nacía el proyecto “Vías Verdes” cuyo objetivo es acondicionar antiguos trazados ferroviarios en desuso, para ser recorridos por cicloturistas y caminantes, así como por personas con movilidad reducida. El Programa se desarrolla en colaboración con Adif y Renfe, y en él participan comunidades autónomas, diputaciones, ayuntamientos, grupos ciclistas, ecologistas y colectivos ciudadanos.

Y entre esas vías verdes, tres discurren por la Zona Este de Madrid. La primera de ellas, que se pone en funcionamiento en 2007, es la Vía Verde del Tajuña, un recorrido de 49 kilómetros entre Arganda y Ambite que recorre el histórico trayecto del Tren de Arganda. Inaugurado en 1901, la línea ferroviaria nacía de la Estación del Niño Jesús, situada junto al parque de El Retiro madrileño, y pretendía unir la capital con Aragón. El Tren, lento y sin mucho mantenimiento, fue perdiendo viajeros hasta convertirse en tren de mercancías en 1953. Desde ese momento, y hasta 1998, las vías las utilizó la cementera de Morata, pero con la llegada del Metro, dejó de utilizarse.

La segunda Vía Verde es el llamado “Tren de los 40 días” que mandó construir Negrín en plena Guerra Civil, 14 kilómetros entre Carabaña y Estremera que sirvieron de aprovisionamiento a la capital durante el sitio de Madrid. Pero el origen del Tren no era Carabaña, sino Torrejón, donde ya funcionaba una línea desde 1910.

El día 24 de febrero de 1856 la Corona de España decide sacar a pública subasta la concesión de un ferrocarril que uniese las localidades de Madrid y Zaragoza. Era este un ambicioso proyecto, declarado de interés público que buscaba una conexión, pasado el tiempo, entre Madrid y París.

A esta subasta se presentaron cinco posibles concesionarios, pero la alianza de tres de ellos será la que posibilite la creación de una empresa destinada a poner en marcha el tren a Zaragoza.

La nueva empresa recibirá el nombre de Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y a Alicante (MZA), y nace con una estación ya construida, la Estación de Atocha, propiedad del Marqués de Salamanca, primer vicepresidente de la nueva compañía.

El primer proyecto preveía la creación de una nueva estación cerca de la Puerta de Recoletos, donde hoy se sitúa la Cibeles, pero dificultades económicas obligaron a utilizar la estación que ya existía. Desde Atocha comienzan a ponerse las vías que en 1859 ya llegan hasta Guadalajara.

En ese momento, la Compañía, falta de liquidez decide paralizar la construcción y establecer un servicio de diligencias desde Guadalajara a Zaragoza, por lo que, el día 3 de mayo de 1859 se inaugura y entra en servicio, con, entre otras, la Estación de Torrejón en su trazado, el servicio de ferrocarril entre Madrid y Guadalajara.

Hasta 1863 la vía no llegará a Zaragoza, pero en Torrejón funcionará desde 1859. Tanto es así que cincuenta años después, una empresa privada, la Azucarera de Madrid decide utilizar la estación de Torrejón para dar salida a sus productos. La Azucarera consigue una concesión para crear un nuevo ferrocarril, de vía estrecha, que una dos estaciones ya construidas: la de Ciempozuelos y la de Torrejón. Este nuevo tren se inaugura en 1910 y será el origen del Tren de los 40 días.

Terminada la Guerra, la línea se desmantela, quedando únicamente un tramo (que aún hoy existe, aunque sin uso) entre Torrejón y Mejorada, que será utilizado por la Azucarera.

La tercera Vía Verde de la Zona Este, la Vía de la Gasolina, es muy corta, y une, en tres kilómetros, el Barrio de Rejas con Alameda de Osuna. Lo más destacado de este recorrido es que permite acceder directamente al Parque de El Capricho.

El Programa de Vías Verdes fue creado hace 25 años por el entonces Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente (MOPTMA), conjuntamente con Renfe y FEVE, que encargó a la Fundación de los Ferrocarriles Españoles (FFE) la realización de un Inventario de Líneas ferroviarias en Desuso.

Este inventario contabilizó 7.600 km de líneas sin servicio ferroviario o que nunca llegaron a tenerlo por quedar inconclusas las obras de construcción de los ferrocarriles. Poco después, en 1994 se creó y registró la Marca “Vías Verdes” en la Oficina Española de Patentes y Marcas y un año después en 1995, el MOPTMA, Renfe, FEVE y la FFE suscribieron un Convenio de Colaboración para el desarrollo del Programa Español de Vías Verdes. A partir de entonces, se fueron poniendo en marcha numerosos proyectos de vías verdes que han contado con el apoyo local y autonómico, tanto de instituciones como de los vecinos.

Actualmente hay cerca de 2.700 kilómetros de vías verdes, distribuidos en 123 itinerarios, en todas las Comunidades Autónomas (excepto Islas Canarias). En 2018, la inversión en la construcción inicial de estas infraestructuras supera los 177 millones de euros. Cerca del 50% de esta inversión procede del Ministerio de Medio Ambiente construidas en el marco del Programa de Caminos Naturales, puesto en marcha en 2004. El 50% restante de la inversión procede de la administración local y de las Comunidades Autónomas. Estas cifras no incluyen las inversiones en obras de mejora, mantenimientos, promoción o gestión, así como tampoco las inversiones realizadas en la recuperación de antiguas estaciones de ferrocarril.

Samuel Román