Unas vacaciones lejos del Sahara

Unas vacaciones lejos del Sahara

Los niños saharauis pasan las vacaciones con familias españolas

En los meses de verano la población de los municipios de Madrid sufre una curiosa transformación desde hace casi cuarenta años: los vecinos se marchan de vacaciones y su lugar lo ocupan unos nuevos vecinos muy especiales, los niños que huyen del calor extremo de los campamentos de refugiados de Argelia.

Se trata del programa Vacaciones en Paz, que permite que los niños convivan con familias españolas durante dos meses al año, precisamente, los más extremos, en el desierto del Sahara, mientras aprenden el idioma, disfrutan de las piscinas y reciben tratamientos médicos.

El programa nace a mediados de los años 80, y es heredero de los primeros campamentos creados para niños saharauis en 1976 en la costa de Argelia, con la intención de escapar de la guerra entre el Frente Polisario y Marruecos desatada a raíz de la Marcha Verde que supone el fin de la ocupación española de la que fue su colonia.

El Frente Polisario y el PCE trasladarán en 1979 los campamentos infantiles a la Península Ibérica en una “colonización” que se extenderá durante los 80 por toda España. Precisamente será en los primeros 80 cuando nazcan las Asociaciones de Ayuda al Pueblo Saharaui, de las que en la Zona Este hay seis, en Alcalá, Torrejón, Daganzo, Coslada, Rivas y Ciempozuelos, que serán las encargadas de gestionar el programa en sus respectivas localidades.

Enseguida “Vacaciones en Paz” se convierte en un gran éxito de participación que perdura hasta hoy a pesar de la crisis. Así, por ejemplo, el año pasado llegaron a España casi 4.800 niños de los que 230 se quedaron en la Comunidad de Madrid.

Tras la aprobación del programa, el pasado 15 de junio por el Consejo de Ministros, los niños llegaron la última semana de junio, con la intención de quedarse hasta finales de agosto. El mecanismo del programa es sencillo: las familias que quieran colaborar con el programa acogiendo niños deben solicitarlo a las Asociaciones de Ayuda al Pueblo Saharaui antes del mes de mayo, para que éstas se encarguen de poner en marcha los trámites de la residencia temporal de los menores. En el mes de junio es el Gobierno de España el que autoriza la entrada de los menores, que gestiona la Delegación de Gobierno, y a finales de junio los niños llegan a cada una de las familias participantes, que los acogerán durante dos meses.

Y menos mal, porque las condiciones en Argelia no son, precisamente, idílicas con temperaturas de hasta 50º en los campamentos de Tindouf, unas condiciones que llevan viviendo los refugiados desde hace más de 35 años.

Así, tras el intento de descolonización de los primeros 70, y la Marcha Verde que terminaba con la ocupación de facto del Sahara por Marruecos y Mauritania, el Frente Polisario iniciaba una guerra con los dos países que terminaba, en parte, tres años después, y provocaba la huida de cientos de miles de saharauis al interior del desierto, donde se crearían los campos de refugiados.

En 1979 Mauritania reconocía la independencia del Sahara Occidental, mientras que el resto del territorio saharaui seguía en manos de Marruecos. En 1991, la ONU consigue un alto el fuego con la condición inexcusable de celebrar un referéndum de autodeterminación en el territorio, referéndum que Marruecos aún no ha convocado, y no tiene la menor intención de convocar, a pesar de que ningún país del mundo reconoce el Sahara Occidental como parte del país alauí.

El territorio que un día fue colonia española está en un 80% bajo control marroquí, dejando al Frente Polisario un 20% del territorio, separado del resto por un muro de 2.200 kilómetros y rodeado por un campo de minas.

Así las cosas, hoy los saharauis están divididos en tres colonias distintas: por un lado, unos 150.000 viven bajo la ocupación marroquí, donde el Frente Polisario denuncia constantes detenciones y torturas; otro grupo, unos 30.000, están en el territorio controlado por el Frente Polisario; y el tercer grupo, de 120.000 personas, se reparte por los campamentos de refugiados construidos en el desierto argelino. •

Samuel Román